Ayer Yelahiah me hizo borrar una entrada del blog. No porque fuera inventada, sino porque contenía una falsedad: había interpretado de forma incorrecta una visión que tuve la noche anterior. La visión era real, pero la lectura que hice de ella no lo era. Y eso, aunque parezca un matiz, marca la diferencia entre compartir verdad o confusión.
Yelahiah me lo hizo ver con total calma, sin juicio. Solo esa sensación tan suya de “esto es una falsedad”. Y tenía razón.
Así que borré la entrada, respiré hondo y entendí la lección: la verdad no siempre está en lo que uno ve, sino en cómo lo interpreta.
Hoy le dedico este pequeño texto a él —Yelahiah, revisor de contenido—, por recordarme que la pureza también se aplica a las palabras.

